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La cosmética ‘verde’ encuentra en la UMU a un gran aliado

La cosmética ‘verde’ encuentra en la UMU a un gran aliado

Pedro Lozano, autor de investigaciones con eco internacional, defiende que, «ante dos productos de igual calidad y precio, el consumidor se decanta por el sostenible»

En España, los sectores de la perfumería y la cosmética emplean de forma directa a más de 35.000 trabajadores y se calcula que a 200.000 de forma indirecta, en más de 15.000 perfumerías especializadas, 50.000 salones de peluquería, 22.300 centros de belleza y 21.900 farmacias. Se trata de un mercado con un tejido industrial muy diverso: el 84% son pymes españolas, algunas líderes mundiales en su categoría de producto. Además, aquí se encuentra la sede de importantes plantas de producción de multinacionales.

Según la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética, el consumo de cosméticos y perfumes consolidó en 2016 un crecimiento positivo y aumentó sus ventas un 3,25% hasta los casi 6.660 millones de euros. Un dato destacado es que la moda de los selfis y la importancia de la imagen en redes sociales ayudaron a disparar un 8% el consumo de cosmética de color (maquillaje facial, labios, uñas y ojos) volviendo a cifras de 2011 con 649 millones de euros y unos 91 millones de unidades vendidas. Llama especialmente la atención que las barras de labios se vendieran un 12% más que el año anterior.

El decano de la Facultad de Química de la Universidad de Murcia, Pedro Lozano, cree que «se trata de un sector muy potente a nivel económico porque está relacionado con la autoestima y el bienestar de las personas. Independientemente de que se esté pasando por un buen o mal momento, el ser humano trata de encontrarse bien consigo mismo».

«Todo es química, somos química, nos alimentamos con química, nos vestimos con química», afirma el profesor Lozano «Si las empresas de cosmética no invierten en I+D+i, desaparecen rápidamente»

Al mismo tiempo, apunta que «es posible encontrar cosméticos y perfumes de todo tipo de precios y eso hace que la población que no puede acceder a ellos sea realmente reducida, es decir, casi todo el mundo en algún momento de su vida compra alguno de esos productos».

Por otro lado, un aspecto relevante es que se trata de un sector muy fugaz, obligado a evolucionar constantemente y de manera rápida. «La competencia es enorme y el mercado muy exigente, por lo que si las empresas no invierten en I+D+i, desaparecen rápidamente», en palabras de Lozano.

Todo ello hace que algunos de los departamentos de investigación científica más importantes a nivel mundial se encuentren, precisamente, asociados a empresas de este sector. Son muchas las marcas que, no sin controversia, publicitan sus productos haciendo uso de términos científicos o de procesos asociados a los mismos, en busca de que sus clientes les otorguen el sello de calidad.

Un aspecto, este, especialmente llamativo si se tiene en cuenta que actualmente otros sectores tan importantes como el de la alimentación se están viendo golpeados por un movimiento de rechazo hacia la química, bautizado como ‘quimiofobia’.

Como investigador del grupo de Biotecnología de la UMU y director del NODO de Química Sostenible del Campus Mare Nostrum, Pedro Lozano conoce bien este asunto: «El principal problema es el desconocimiento porque todo es química, somos química, nos alimentamos con química, nos vestimos con química y todo está formado por los elementos que aparecen en la tabla periódica».

«Todos deberíamos tener claro que un vaso de agua es química, no solo porque se componga de elementos químicos sino porque si no se tratase químicamente, no tendríamos agua potable y muchos fallecerían al consumirla; o que la esperanza de vida ha aumentado considerablemente en el último siglo gracias a la química. Las farmacias están llenas de química que permite curar enfermedades, si a los médicos les quitamos la química tendrán que curar a los pacientes con magia, es decir, no podrían hacerlo». «Lo que ha ocurrido -sostiene Lozano- es que se han dado malas prácticas industriales de la química detrás de las cuales había intereses económicos, como por ejemplo la contaminación por parte de algunas industrias manufactureras, y eso ha dado lugar a que todo lo relacionado con la química se criminalice».

Añade Pedro Lozano que «gracias a la química, existen alimentos seguros, y los casos de intoxicación alimentaria son algo muy excepcional en países desarrollados ya que los controles en la química alimentaria son altísimos». Se sorprende el investigador de que haya personas en contra de las vacunas, pero insiste en que «todo se debe al desconocimiento y a un desprecio infundado hacia el conocimiento».

Cita tiempos oscuros del pasado siglo, cuando se decía «una mentira repetida mil veces se hará verdad», y apunta que «la única forma de luchar contra esa situación es difundiendo más formación y conocimientos sobre la química y los trabajos relacionados con ella», dado que, según él, «es seguramente la ciencia que más ha contribuido a mejorar la calidad de vida de las personas».

En relación a la contaminación, dice Pedro Lozano que «lo que hay que hacer es una química que esté de acuerdo con los principios del desarrollo sostenible, que no sea contaminante. Porque, no hay que olvidar que estamos de paso en este mundo y que los desarrollos actuales no deben condicionar las posibilidades de las generaciones futuras».

«Ante dos productos de igual calidad y precio, el consumidor se decanta por aquel que haya sido producido de manera sostenible». Así lo indica el investigador de la Universidad de Murcia cuyo trabajo se centra en el ámbito de la química verde, aquella que no genera residuos. «Si el proceso químico se entiende como la transformación de un compuesto A en uno B, nuestro equipo se encarga de que eso ocurra de forma que todos los elementos del sistema sean 100% recuperables o reutilizables o biodegradables, de modo que no haya trazas medioambientales en el proceso de producción y además se incorpore un valor añadido a los productos».

Su primera aproximación al mundo de la belleza fue de la mano de la perfumería. Su equipo fue capaz de desarrollar aromas naturales mediante enzimas, las cuales actúan como catalizadores biológicos, obteniendo productos de un modo totalmente sostenible porque no usan ni disolventes orgánicos ni sustancias contaminantes.

Como explica Lozano, en el caso de los perfumes esa facultad le supone un valor añadido porque hace que el aroma tenga idénticas cualidades al obtenido desde fuentes naturales, y es algo que no se había conseguido de manera artificial, mediante síntesis química, hasta la publicación del artículo en la revista ‘Green Chemistry’, siendo seleccionado como portada del número de noviembre de 2012. En enero de 2017, la misma publicación también seleccionó para su primera página otro artículo del profesor Lozano dedicado a la síntesis sostenible de emulsionantes no iónicos, que son la base de todas las cremas cosméticas.

Más tarde, desde la creación de la Cátedra Tahe Ciencia Aplicada en la Universidad de Murcia, la relación entre la empresa y el grupo de investigación ha sido continuada. Destaca el investigador que «se han llevado a cabo numerosos proyectos financiados por el Ministerio de Economía y Competitividad así como otros a través del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), solicitados directamente por la empresa y que ponen en relevancia la importancia de la unión entre empresa-investigación».

Uno de los proyectos más recientes ha supuesto el desarrollo de un método que permite la fijación permanente de keratinas en el cabello sin afectar a la estructura interna del mismo. Como apunta Lozano, «hasta ahora todas las acciones realizadas sobre el cabello se hacían con tratamientos químicos que implicaban la pérdida de su fortaleza dado que para conseguir una adecuada fijación de los productos el pelo se veía sometido a un proceso que, a nivel microscópico, agujereaba su estructura».

«El nuevo método permite adherir las keratinas a la superficie del pelo de modo que sobre ellas se incorporan otras sustancias como, por ejemplo, tintes, protegiendo la estructura interna. Se generan por tanto los mismos efectos, pero sin que sea algo agresivo y, además, se trata de algo reversible», añade.

Quizá lo más curioso de todo esto es que la industria cosmética no suele patentar sus hallazgos sino que los conserva, a modo de ‘know how’, precisamente para no poner sus ideas a disposición de los competidores. Además, no siempre todo lo que se descubre se lleva al mercado sino que puede quedarse en un cajón si es que se trata de algo poco demandado. En cualquier caso, parece que la máxima de Mariano Magaña, director de Tahe, pasa por invertir en ciencia, ya que afirma que «todo lo que sea incorporar conocimiento a la empresa, es estar preparado para el futuro».

Cumpleaños de oro

En 2015, coincidiendo con el 75 aniversario de su creación, la Facultad de Química de la Universidad de Murcia recibió de manos del Consejo de Gobierno de la Región de Murcia la Medalla de Oro de la Región como reconocimiento a su «historia, su trascendencia social y económica y su carácter de referente en la formación de capital humano y científico de nuestra Región», así como por «su labor formativa, su productividad científica y su contribución al incremento de la investigación de excelencia en la Universidad de Murcia, desarrollada a lo largo de sus 75 años de existencia, y que ha constituido y sigue constituyendo un pilar fundamental para al desarrollo regional».

Un reconocimiento que, según el decano Pedro Lozano, «supuso un enorme orgullo para todos los profesionales que han pasado por sus aulas, tanto personal investigador como docente y alumnos que, tras obtener el título, se han convertido en actores principales de un sector de gran relevancia en Región de Murcia».

Fuente: La Verdad

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